¡Cállate! que soy un experto; el dominio «progresista» y la crisis de la libertad de expresión

¡Cállate! que soy un experto; el dominio «progresista» y la crisis de la libertad de expresión

Por: John Stonestreet y Shane Morris. 13 de diciembre 2023

En el 2023, las presidentas de la Universidad de Harvard, la Universidad de Pensilvania y el MIT se negaron a condenar los llamamientos al genocidio judío como intimidación o acoso. Mientras que en sus campus universitarios por mucho tiempo se han defendido horribles discursos y comportamientos antisemitas, esta debacle se produjo ante el Congreso de los Estados Unidos. Las presidentas intentaron apelar a los derechos de libertad de expresión, diferenciando entre discurso y conducta mediante declaraciones obviamente elaboradas por abogados. Sus comentarios escandalizaron e indignaron a muchos. La presidenta de la Universidad de Pensilvania dimitió tras intentar inicialmente retractarse de sus comentarios. La presidenta de Harvard se disculpó rápidamente, mientras que la junta directiva del MIT emitió una declaración en apoyo de su presidenta.

Por otro lado, alguien bajo el seudónimo de “Tyler Durden” documentó el alcance del dominio de la izquierda en el mundo académico en el sitio web ZeroHedge. Una nueva encuesta de The Harvard Crimson descubrió que más de tres cuartas partes del profesorado de Harvard encuestado se identificaba como «liberal» o «muy liberal», mientras que sólo el 2,9% se identificaba como «conservador» o «muy conservador». Otro estudio realizado por Kevin Tobia, de la Universidad de Georgetown, y Eric Martínez, del MIT, concluyó que sólo el 9% de los profesores de las 50 facultades de Derecho más importantes del país se identifican como conservadores. Una encuesta realizada en el 2022 por The College Fix reveló que 33 de los 65 departamentos académicos de todo el país carecían de un solo profesor del partido republicano.

Dado ese monopolio virtual, los académicos progresistas deberían tener la suficiente confianza como para permitir voces disidentes en el campus de vez en cuando. Sin embargo, tras años de cancelaciones y gritos a los oradores conservadores, está claro que muchos progresistas sólo desean oír sus propias voces. Algunos profesores han recurrido incluso a denunciar la libertad de expresión como una amenaza a su dominio del campus.

Un par de profesores de la Universidad Estatal de Arizona escribieron un ensayo en The Chronicle of Higher Education (La crónica de la educación superior) titulado (no me lo estoy inventando): «Queridos administradores: ¡Basta de retórica sobre la libertad de expresión! Esto concede demasiado espacio a las agendas de la derecha». En el artículo, Richard Amesbury y Catherine O’Donnell sostienen que «los llamamientos a una mayor libertad de expresión en los campus, por bienintencionados que sean, corren el riesgo de socavar el propósito central de las universidades», que, según ellos, es «la producción de conocimiento y comprensión expertos». Argumentan que no deben escucharse todas las opiniones, ni siquiera las de expertos discrepantes, porque «no todas las opiniones son igualmente válidas».

El momento de su artículo, justo antes de los testimonios de las tres presidentas de las Ivy League, debe estar divinamente determinado.

Según estos profesores, las opiniones que son válidas son «producto de disciplinas rigurosas y fiables» como las humanidades, que incluyen y a menudo priorizan «el estudio de la raza y el género«. Estos departamentos, insisten Amesbury y O’Donnell, no forman parte de la «esfera pública», ni de un «rincón del orador», ni siquiera de un «mercado de ideas». Por el contrario, estos departamentos y sus campus son lugares de producción de «conocimiento y comprensión expertos» y, por tanto, deberían estar exentos de la libertad de expresión, la democracia y el debate público. No deberíamos esperar más de los departamentos de humanidades que contraten voces disidentes, argumentan, que «un departamento de biología que contrate a un creacionista o un departamento de geografía que acoja a un terraplanista».

En otras palabras, según estos profesores, las ideologías “woke” están por encima de todo cuestionamiento. En el artículo, expresan su indignación por el hecho de que el «conocimiento» producido en estos campos no sea «percibido públicamente como autorizado». Esa pérdida de credibilidad, afirman, no se debe a que sus ideas sean absurdas, sino a los «esfuerzos políticos por deslegitimar ciertas disciplinas.»

Como escribió Durden en su artículo de ZeroHedge, «muchos… académicos se indignarían si los conservadores se apoderaran de las facultades y empezaran a excluir sus puntos de vista como ‘indignos'». Sin embargo, las facultades y los administradores progresistas redefinen agresivamente la «opinión experta» como la de quienes están de acuerdo con ellos, silenciando a quienes no estén de acuerdo con su argumento, basándose en que “no son expertos”.

El resultado es una cámara de eco, no una educación. En aquella sesión del Congreso de los Estados Unidos, las tres presidentas de las universidades Ivy League descubrieron lo desconectadas que están sus cámaras de eco del resto del mundo. Bueno, al menos dos de ellas lo descubrieron.

Las encuestas confirman que las instituciones de enseñanza superior sufren una crisis de credibilidad pública. Según una encuesta de Gallup, solo el 36% de los estadounidenses confía en la educación superior, 21 puntos menos que en 2015. Es imposible mirar lo que ha sucedido en los campus en la última década, o ante el Congreso en aquella sesión del 2023, y no concluir que esto tiene mucho que ver con los «productos» de los «expertos» de izquierda.

Las ideas tienen consecuencias, y las malas ideas tienen víctimas. Pocas instituciones han propagado tantas malas ideas y las han escupido en la sociedad como las universidades. Entre las necesidades del momento está la proliferación de estudios e investigación cristiana, así como también de colegios y universidades cristianas. Sin embargo, esto sólo sería una victoria si las universidades cristianas son en realidad cristianas, en realidad universidades y verdaderamente universidades cristianas. Desafortunadamente, ese parece ser un grupo de instituciones cada vez menor. Que Dios siga levantando hombres y mujeres dispuestos a buscar y decir la verdad, sin importar cuántos supuestos expertos les digan que se callen.

Por: John Stonestreet y Shane Morris. 13 de diciembre 2023

Enlace al artículo original: https://breakpoint.org/silence-im-an-expert-progressive-dominance-and-the-crisis-of-free-speech/

Imagen: Foto de Dom Fou en Unsplash.

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