Los sectores liberales de la República Dominicana propugnan desde hace años por la implementación del Estado laico que establece la Constitución. Desde su perspectiva, el Estado laico es aquel totalmente desvinculado de preceptos religiosos. La Constitución de la República garantiza, en su artículo 39, la igualdad de todos los ciudadanos, sin importar sus creencias religiosas. Asimismo, el artículo 45 instituye una garantía estatal a la libertad de conciencia y de cultos, siempre que dicho culto religioso esté sujeto al orden público y a las buenas costumbres. Hasta ahí, podríamos pensar que el Estado Dominicano es laico, como se nos hace creer desde el campo liberal, sin embargo, al profundizar en el texto constitucional, nos percatamos que no es así.

En el Preámbulo de la Constitución, se puede leer que los legisladores se reúnen en Asamblea Nacional Revisora invocando el nombre de Dios. Y el nombre del Dios que invocan los asambleístas es definido en el Artículo 32, cuando se describe el escudo nacional de la siguiente manera: “…lleva en el centro la Biblia abierta en el Evangelio de San Juan, capítulo 8, versículo 32, y encima una cruz, los cuales surgen de un trofeo integrado por dos lanzas y cuatro banderas nacionales sin escudo, dispuestas a ambos lados; lleva un ramo de laurel del lado izquierdo y uno de palma al lado derecho. Está coronado por una cinta azul ultramar en la cual se lee el lema “Dios, Patria y Libertad”.

La propia Constitución Dominicana nos declara que la nación dominicana cree en el nombre de Dios. Y no se limita a una mera declaración, ya que en el mundo post-moderno de hoy, cada quien tiene su propio concepto de dios. El Dios de la República Dominicana, de conformidad al ideario de los fundadores de la República, reflejado en el escudo nacional que insertaron en la bandera María Trinidad Sánchez y Concepción Bona en 1844, es el Dios de las Sagradas Escrituras. La Biblia abierta en el centro del escudo en el Evangelio de San Juan, capítulo 8, versículo 32 y la cruz, instrumento de castigo para el pecado del hombre y de redención al mismo tiempo, por ser el lugar donde el inocente murió por el culpable, así lo confirman. El texto bíblico que recoge las palabras del Señor Jesucristo y que fue plasmado por los patricios dominicanos en el escudo se lee de la siguiente manera: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.

Aunque el Artículo 1 del Concordato vigente, suscrito en 1954 entre el Estado Dominicano y el Estado Vaticano, establece que la República Dominicana es una nación católica, apóstolica y romana, por haber adoptado dicha creencia como su religión oficial, la Carta Magna nuestra consigna que la República Dominicana no es un Estado católico; tampoco un Estado laico, sino un Estado aconfesional. El Estado aconfesional no profesa inclinación alguna por determinada confesión religiosa. Aunque la Constitución claramente define nuestra nación como una entidad cristiana, no le otorga preferencia a ninguna denominación de las que componen el cristianismo.

En el caso de la República Dominicana, su Estado está informado por la cosmovisión judeo-cristiana, que fue la de los fundadores de la República y es la de la mayoría del pueblo dominicano, ya que los credos cristiano-católico y cristiano-evangélico-protestante conforman la mayoría del espectro religioso nacional. Por el contrario, el Estado laico es totalmente secular.

La República Dominicana está fundada y se sostiene sobre una cosmovisión y una moral judeo-cristiana, de conformidad a nuestros orígenes, los cuales han sido recogidos por nuestra Constitución. Si vamos a convertirnos en Estado laico, como proponen los liberales, entonces el lema “Dios, Patria y Libertad”, ideado por los Padres de la Patria y los Trinitarios, debe desaparecer de nuestra bandera y escudo, así como la Biblia abierta en su centro en el Evangelio de San Juan. Si adoptamos la figura del Estado laico, estaríamos negando la fundación de la República y el sacrificio de nuestros fundadores, que no idearon un Estado desvinculado de los principios y valores consignados en la moral judeo-cristiana, la cual recogen las Sagradas Escrituras.

Nunca debe permitirse ni aceptarse que la República Dominicana se desconecte de los principios que le dieron origen, ni que el Estado adopte valores contrarios a los que profesa y cree la mayoría del pueblo.

Ortiz, José Alberto. 10 septiembre, 2012. El Estado Dominicano no es católico ni laico. Acento.

Write A Comment