En la batalla de ideas que se está librando hoy en día respecto a la verdadera identidad de la mujer hay que oír tremendos dislates y desaciertos ; por ejemplo aquellos que quieren sugerir que el cristianismo ha sido cómplice ideológicamente o de hecho en  la opresión a las mujeres. 

Quienes se expresan así muestran que no tiene la menor idea de  la historia de la civilización occidental y del salto cuántico que ocurre en la dignidad de la mujer maltratada y olvidada  en el mundo oriental,  así como en la civilización grecorromana, cuando irrumpe el cristianismo en la historia. 

El oscurantismo en que se encontraba la dignidad y la posición de la mujer en la antigua  de Grecia y Roma era sencillamente atroz; y no era el peor, pues en las sociedades meso-orientales y otras partes del mundo conocido  la situación podía ser mucho peor; la realidad era que la mujer no tenía un status digno y era considerada como un objeto, y relegada a un ser de categoría más baja en lo que se refería  a derechos ciudadanos; se requiera su total pasividad  en la arena social  y no poseía ni remotamente la dignidad que ostentaba el hombre en la sociedad.  Se permitía la eliminación física de los bebés femeninos en las familias, y los registros indican que raras veces en una larga familia romana por ejemplo, habría más de dos mujeres en la misma,  ya que eran racionadas por medio de la muerte desde el nacimiento. De hecho en un estudio arqueológico de seiscientas familias del imperio Romano, solo el uno por ciento de esas familias contaba con más de una hija (J. Lindsay: «The Ancient World, manners and morals»). 

El hombre podía divorciase de ella por el motivo que escogiese y no tenía derechos ciudadanos.

Los primeros atisbos de una restauración de la imagen de Dios en la mujer y de su dignidad lo vemos en la introducción del cristianismo, y en episodios de la vida misma de Cristo. 

Uno de los pasajes más conmovedores aparece en el evangelio de Juan cuando El se encuentra con la mujer samaritana (Jn 4:1-26), y entabla un diálogo con una mujer, algo insólito en aquella época por varias razones;  por su condición de mujer, y de samaritana (samaritanos y judios  no se hablaban entre si, y también por tener  una conducta moral dudosa (había tenido cinco maridos). Fue una imagen tan chocante en ese contexto cultural que ella misma se sorprendió de que Jesus  hablase con ella por su condición de mujer y samaritana; Cristo se acerca a ella y le ofrece salvación, en un paradigmático  ejemplo  de la importancia que el Dios creador da a la mujer, elevando su dignidad a la altura que El demanda,  pues «Varon y hembra los creo», a su «imagen y semejanza» dice la palabra.

 No es el hombre que es anunciado en el libro de la creación como un ser a semejanza de Dios sino ambos, son iguales en dignidad delante de el, pero con funciones diferentes. 

Los relatos de la conducta de Cristo hacia  la mujer sorprendida en adulterio y su compasión hacia a ella, salvándola del apedreamiento e invitándola a reformar su vida es otro episodio similar; y que decir de  la mujer que  derramó el perfume sobre los pies de Cristo y que motivó la crítica de Simón el fariseo por que ella era pecadora; Cristo acepto su ofrenda, salvándola por su fe, y alabándola delante de todos por su gran amor hacia El. 

Cristo estaba rodeado de muchas mujeres que le servían de sus bienes (Lucas 8:1-3), y el las permitía en su entorno;  no era un machista segregado a un mundo de solo hombres como era la costumbre oriental, sino que ellas eran parte de su concurrencia habitual.

Pablo igualmente trabajo con muchas colaboradoras cristianas y las reconocía habitualmente ( Ro 16:1-15). 

El apóstol  Pedro ( 1Pedro 3:7), mandaba a los maridos a considerar y a tratar a sus esposas «dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida para que vuestras oraciones no tengan estorbo». Para el apóstol ellas eran igual en dignidad al hombre y merecedoras  de todo respeto, algo insólito en aquella época , aún el decir algo semejante. 

Con razón algunos estudiosos de la historia de la iglesia citan la posibilidad de que durante los primeros siglos de la era Cristiana las mujeres fuesen un número mayor entre los creyentes que los hombres, y esto fue por el hecho de haber encontrado en la doctrina cristiana una propuesta que elevaba la dignidad de ellas al nivel de la de los hombres. 

El doctor Cesar Vidal en su libro «La Herencia del Cristianismo» cita por ejemplo que en una persecución en la ciudad de Cirta en el norte de Africa, en el año 303 d.c., se encontraron 16 túnicas de Varon frente a 82 de mujeres, una proporción de 5 a 1 de mujeres en esa congregación…

El cristianismo da a la  mujer el lugar  que Dios le dio, igual en dignidad y en todos los privilegios frente al hombre, aunque con funciones diferentes. Muy diferente a la categoría de objeto  sexual que la revolución moral y sexual le han dado; solo quien no conoce la historia compra el estribillo ignorante de que el cristianismo ha puesto a la mujer en una categoría de inferioridad.  

Pero  seamos realistas, esos movimientos del feminismo ultraradical y de reingenieria sexual como la ideología de género,  han vivido de diseminar mentiras,  y esta es otra más de ellas.

Ninguna filosofía ni doctrina han puesto a la mujer en una categoría más digna que el cristianismo, y esto así porque el Dios que las creo les dio en su creación ese nivel, y plasmó esa verdad en su palabra.

Fuente: https://acento.com.do/2018/opinion/8562548-cristianismo-la-dignidad-la-mujer/

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